
Lectura: «Ustedes en la tierra de Israel acostumbran repetir aquel refrán que dice: “Los padres se comieron las uvas agrias, y a los hijos les dio la dentera.” (Ezequiel 18:2)
¿Pagan los hijos por los errores de sus padres? Algunos lo pensaban sí y repetían un provo para mostrar esta creencia: “Los padres se comieron las uvas agrias, y a los hijos les dio la dentera.” (Ezequiel 18:2). ¿Castigaría Dios a los hijos por los pecados de sus padres?
Jesús nos dice que no. Es un error pensar que castigaría a los hijos por las transgresiones de sus padres. Por eso, pide que nunca se repita esta idea que implica que los hijos sufrirían consecuencias de los actos pecaminosos de sus padres.
Es cierto que los hijos heredan rasgos físicos y emocionales de sus padres y a veces sufren consecuencias por sus malas actitudes. Sin embargo, ante Dios, cada uno responde por sí mismo. Dios quiere que todos lleguen al arrepentimiento y confíen en Jesús, y extiende esta invitación a cada uno individualmente.
Lo que Dios quiere decirnos es esto: Si hay un padre que se niega a escuchar a Dios, vive sin arrepentimiento y comete todo tipo de transgresiones, y tiene un hijo que escucha la Palabra, se arrepiente de sus pecados y cree en Jesús, será perdonado y heredará la vida eterna.
Dios quiere que padres e hijos lleguen al conocimiento de la verdad, confíen en Jesús, en su cuidado y perdón, y que reciban, en todo momento, el amor de Dios. Los niños no pagan por los errores de sus padres, ni conseguirían, pero Dios es justo en su amor revelado en Jesús, su Hijo, este si pagó en la cruz por los pecados de todas las generaciones.
Oremos: Padre celestial, recibe nuestra gratitud por ser justo y amoroso con todos. Te alabamos porque tu Hijo pagó por los pecados de todas las generaciones. Danos tu perdón, cuidado y esperanza. Amén.
Autor: Anselmo Ernesto Graff
