
Lectura: «Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna»» (Juan 6:68)
La expresión «vale la pena» se hizo famosa por ser utilizada por el poeta portugués Fernando Pessoa: «Todo vale la pena, si el alma no es pequeña». En el poema Mar Portugués, destaca el sacrificio de los navegantes que enfrentaron peligros y desafíos en busca de nuevas tierras. En otras palabras, ante las dificultades y desafíos, a menudo es necesario «pagar un precio» para superarlos.
Cuando Jesús reveló que era el «pan de vida» (Juan 6:35), muchos seguidores se quejaron, pensando que sus palabras eran demasiado difíciles. Jesús se dio cuenta de que algunos solo le seguían por interés y les preguntó: «¿Esto les resulta escandaloso?» (Juan 6:61). Muchos decidieron entonces marcharse, pensando que seguirle no valía la pena.
Entonces Jesús preguntó a los discípulos si ellos también querían irse. Fue entonces cuando Simón Pedro declaró: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna»»_ (Juan 6:68). Seguir a Jesús puede traer desafíos y renuncias, pero sigue valiendo la pena. En Cristo, nuestra alma es perdonada y fortalecida para afrontar cualquier situación.
Incluso en medio de la persecución, el sufrimiento y la angustia, la vida con Jesús vale la pena, porque solo él pagó el precio en la cruz para darnos algo incomparablemente mayor: la vida eterna en la nueva tierra que él nos conquistó.
Oremos: Señor Jesús, haznos recordar que la vida que vale la pena no es ir más lejos en nosotros mismos, sino ir a tu encuentro y a encuentro del prójimo en amor, así como tú mismo nos amaste viniendo hasta nosotros. Gracias por tu amor. En tu nombre. Amén.
Autor: Ângelo Naor Elicker
