
Lectura: «Nosotros hemos llegado a participar de Cristo, siempre y cuando retengamos firme hasta el fin la confianza que tuvimos al principio.» (Hebreos 3:14)
Creo que ese es el sueño de todo padre cristiano: poder presentarse ante Dios, en la vida eterna, y tener la alegría de poder decir: «Aquí estoy con los hijos que Dios me ha dado.» Poder vivir eternamente con los queridos hijos que recibió como regalo de Dios, ¡eso es todo lo que espera un padre!
Curiosamente, el autor de la carta a los hebreos dice que esto es lo que hace Jesús: «Nosotros hemos llegado a participar de Cristo, siempre y cuando retengamos firme hasta el fin la confianza que tuvimos al principio.» (Hebreos 3:14). Sí, Jesús se convirtió en nuestro hermano, sufriendo y muriendo por nosotros como un ser humano, destruyendo al Diablo y liberándonos de la esclavitud de la muerte. Él venció la muerte al resucitar y nos llama a tomar parte de su gloria a través de la fe. Es Él quien nos guía hacia la salvación y llega con nosotros ante Dios. Por causa de Cristo, somos hijos de Dios.
Y eso hace que nuestra tarea, o más bien, nuestro privilegio como padres, sea tan importante. Como Jesús, podemos dedicar nuestras vidas a estar delante de Dios y confesar nuestra fe y confianza en Él, fe y confianza en que enseñamos a nuestros hijos para que ellos también vivan como los hijos amados de Dios. Y es una bendición que esta tarea no dependa de nosotros, sino enteramente de Cristo. Es Él quien nos guía hacia la salvación, es el Salvador que nos presenta ante Dios. Lo que hacemos, como padres, es mostrar a nuestros hijos cómo el Padre nos ama, cómo Jesús es nuestro hermano y lo que hizo para nuestra salvación, para que estemos todos juntos en la vida eterna.
Oremos: Querido Jesús, ayúdanos a vivir la verdadera fe en ti delante de nuestros hijos, para que vean y reconozcan tu amor y así poder estar todos juntos contigo. Amén.
Autor: Rony Ricardo Marquardt
