
Lectura: «Mi Señor y Dios, tú eres mi roca, mi defensor, ¡mi libertador! Tú eres mi fuerza y mi escudo, mi poderosa salvación, mi alto refugio. ¡En ti confío!» (Salmo 18:2)
La gente pasa por muchos momentos en los que se siente insegura, desprotegida. Parece que los seres humanos somos demasiado frágiles para enfrentarse a situaciones de peligro y dificultad. Es normal sentirse así.
La Biblia relata varias historias de personajes que se sentían frágiles e indefensos ante los problemas. El Salmo 18 habla de David, que fue perseguido por el rey Saúl y a menudo estuvo cerca de la muerte. En medio a esto, David buscó ayuda en Dios y pudo decir más tarde: «»Mi Señor y Dios, tú eres mi roca, mi defensor, ¡mi libertador! Tú eres mi fuerza y mi escudo, mi poderosa salvación, mi alto refugio. ¡En ti confío!» (Salmo 18:2).
No todo salió bien para Davi. Había problemas y dificultades presentes en su vida. Pero se dio cuenta de la seguridad de estar con Dios y le pidió ayuda. Y esto sirve de ejemplo para nosotros. ¿Dónde buscamos seguridad? ¿Dónde busca la gente protección? Dios da libertad para que todos puedan hablar con él. Escucha y responde a los pedidos de ayuda. El Señor devuelve la seguridad y protección a quienes se sienten desprotegidos.
Si estás pasando por dificultades, ya sea por enfermedad, desempleo, problemas familiares o persecución, ora a Dios. Dios es atento y quiere ayudarte y protegerte, porque él es la roca, la fortaleza y el libertador. Y más que eso: ya nos ha liberado de nuestro mayor problema: el pecado. En Jesús tenemos la liberación de la condenación y la certeza de una vida eterna en el cielo. ¡Con Jesús, estamos a salvo!
Oremos: Señor Dios, gracias por la liberación y protección que tenemos en Jesús. Escucha nuestra oración según tu voluntad. Amén.
Autor: Paulo Sérgio Kühl
