
Lectura: «El Señor corrige al que ama como lo hace el padre con su hijo amado.» (Proverbios 3:12)
Ser padre no es fácil y parece que la tarea se vuelve aún más difícil hoy en día, cuando se cuestiona todo tipo de autoridad. Muchos padres se encuentran perdidos, siguiendo directrices que dicen que el niño no debe ser corregido, que está prohibido decir «no» a los niños y que deben decidir qué camino seguir. Así, incluso Dios es cuestionado a menudo, pues dice no a muchas oraciones.
Por eso las palabras del hijo de David, el rey Salomón, son importantes. Con la sabiduría recibida de Dios, Salomón dice: «Confía en el Señor de todo corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus sendas.» (Proverbios 3:5-6). Mucha gente pide al Padre celestial cosas basadas en su propia inteligencia y olvidan el «hágase tu voluntad». Y cuando el Padre no responde, se rebelan y culpan a Dios por los males de sus vidas, o por no recibir el bien previsto.
Es en estos momentos cuando el Padre corrige el camino de sus hijos, mostrando el camino correcto. Y este debería ser nuestro ejemplo como padres, actuar así con nuestros hijos. Está bien decir que no. No hay error en mostrar la forma correcta. Corregir y guiar forma parte de la relación amorosa del padre con sus hijos, es parte de la sabiduría que Dios nos da para vivir y ayudarnos unos a otros, también como padres que aman a sus hijos con ese amor que hemos recibido de Dios. Y en ese amor, también perdonan, así como Cristo nos perdonó a nosotros.
Oremos: Queridos Dios y Padre, gracias por tu corrección paternal. Gracias por el perdón en Cristo. Ayúdanos, como padres, a guiar a nuestros hijos por este camino eterno. Amén.
Autor: Rony Ricardo Marquardt
