
Lectura: «Yo soy el primero; yo soy también el último. Fuera de mí no hay otro Dios.» (Isaías 44:6)
Mientras algunos intentan enmarcar a Dios en la mera comprensión humana, la Biblia nos invita a un enfoque diferente. La revelación divina contenida en las Escrituras se confirma tanto por la grandeza del universo creado por Dios como por la experiencia personal de cada ser humano. Sin embargo, esta observación debe ser iluminada por la Palabra, para que no se distorsione por la mente humana, contaminada por el pecado. Dios actúa en el tiempo y de la manera que Él considera correcto.
Cuando se descarta la Biblia y se sitúa la mente humana como fuente de lo que debe creerse, el resultado es un dios falso, moldeado a imagen y semejanza del ser humano. Estos dioses fabricados son meras marionetas, manipuladas por quienes los crearon.
El Dios verdadero, revelado en las Escrituras, es eterno. Él es el Creador y sostenedor de todas las cosas. Dios mismo dijo: «Yo soy el primero; yo soy también el último. Fuera de mí no hay otro Dios.» (Isaías 44:6). Y, como dijo el apóstol Pablo, «Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos. Ya algunos poetas entre ustedes lo han dicho: “Porque somos linaje suyo.» (Hechos 17:28). Confiar en este Dios hace la vida más leve, llena de paz y esperanza. No solo provee para nuestras necesidades terrenales, sino que también nos garantiza la salvación eterna a través de Cristo, que murió y resucitó para el perdón de los pecados.
Muchos piensan que agradar a Dios es algo complicado. Pero la verdad es que Dios nos amó primero y hizo todo lo necesario para salvarnos. A través de su Palabra, nos guía hacia la fe y el descanso en sus promesas. ¡Qué gran misterio y privilegio: el majestuoso Creador sirviendo a sus frágiles criaturas! Este es el verdadero Dios, revelado en la Biblia.
Oremos: Gran Dios, enséñame a confiar en ti todos los días de mi existencia. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Paulo Edmundo Jung
