
Lectura: «Señor, tú eres todo lo que tengo, y prometo que obedeceré tu palabra.» (Salmo 119:57)
En la vida, tomamos decisiones constantemente. Un atleta, por ejemplo, decide entre las invitaciones que se le presentan. Quien compra un coche elige el que se adapte a su gusto y recursos. Pero estas decisiones siempre se encuentran con limitaciones. Muchos sueños están fuera de alcance porque están más allá de lo posible. Entre estos sueños está la idea de acercarnos a Dios por nuestros propios esfuerzos. No hay nada en nosotros que nos permita negociar con Dios.
Sin embargo, ocurre algo extraordinario: a pesar de nuestra miserable condición, Dios se interesa por nosotros. En su amor infinito, nos ha elegido y nos llama a ser sus hijos. Nos ofrece, de forma gratuita, el don de la salvación, que preparó a través de Jesús, mediante su pasión y muerte en la cruz.
Es con esta perspectiva que podemos entender el Salmo 119. Cuando el salmista habla de elecciones, se refiere a decisiones que solo son posibles porque Dios, en su amor, ha abierto ese camino. Por tanto, la mejor decisión que podemos tomar es mantenernos conectados al canal a través del cual Dios derrama sus bendiciones en nuestras vidas: su Palabra. Es a través de ello que Dios transforma el corazón humano, guía la vida y nos permite tomar decisiones que le agraden.
Este regalo es para todos. Es gratis. Por eso el salmista dice: «Señor, tú eres todo lo que tengo, y prometo que obedeceré tu palabra.» (Salmo 119:57). Y él dice que hará todo lo posible por no perderla. ¿Y tú? ¿Quieres guardar la Palabra del Señor? Clama a Dios con todo tu corazón y vive según su guía.
Oremos: Amando a Dios, te pido con todo mi corazón: ayúdame a no perder nunca de vista la preciosa herencia que me has ofrecido en Jesús. Amén.
Autor: Paulo Edmundo Jung
