
Lectura: «En tus manos encomiendo mi espíritu; ¡ponme a salvo, Señor, Dios de la verdad!.» (Salmo 31:5)
Si alguien nos preguntara cuál es el mejor lugar del mundo, ¿qué responderíamos? Hay lugares impresionantes, pero ¿cuál sería el mejor? Cada uno tiene sus preferencias, pero hay un lugar incomparable: estar en manos de Dios. Allí encontramos seguridad y esperanza. Por eso, en medio de muchas dificultades, el rey David declaró: «Mi vida está en tus manos; ¡líbrame de mis enemigos y perseguidores!» (Salmo 31:15).
En tiempos de sufrimiento y angustia, muchas personas cuestionan la existencia de Dios y buscan apoyo en otra cosa. Primero, confían en sí mismos, pero pronto se dan cuenta de su fragilidad y limitación. Sin embargo, cuando surgen problemas, no significa que Dios nos haya abandonado. Puede usar las dificultades para abrirnos los ojos y fortalecer nuestra fe.
David también dijo: «En tus manos encomiendo mi espíritu; ¡ponme a salvo, Señor, Dios de la verdad!.» (Salmo 31:5). Saber que tenemos un Dios que se preocupa por nosotros y se compadece de nuestra debilidad es un gran consuelo. Quienes confían en él encuentran la fuerza para afrontar las dificultades diarias. En Dios siempre hay esperanza.
Estar en manos del Padre celestial es el mejor lugar para vivir. Nos ama tanto que envió a Su Hijo, Jesús, para salvarnos. Confiando en Cristo, podemos afrontar cualquier situación, seguros de que al final de nuestra vida recibiremos la vida eterna de Él.
Oremos: Señor, te alabamos para que en ninguna otra situación nos sentimos tan apoyados y protegidos como en tu compañía. Mantennos siempre cerca de ti y bajo tu protección. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Alessandro Gustavo Souto
