
Lectura: ««¿Quién es éste, que hasta el viento y las aguas lo obedecen?»» (Marcos 4:41)
¿Quién nunca se ha sentido abandonado por Dios en medio de las dificultades? Así se sintieron los discípulos de Jesús cuando se enfrentaron a una tormenta navegando por el mar de Galilea.
Lo que hizo Jesús en ese momento demostró la misericordia de Dios. Mandó a los vientos callar y al mar a calmarse, evitando una tragedia. ¿Cuántas veces en nuestras vidas nos ha salvado el Altísimo del peligro y la muerte? ¡Cuántas cosas ha hecho el Señor para mantenernos vivos!
Dios permite las dificultades para fortalecer nuestra fe. Cuando todo sale según lo planeado, es fácil decir: «Creo en Dios», «el Señor es maravilloso». Ahora, cuando las cosas se complican, cuando tenemos que superar grandes desafíos, es cuando vemos si la fe que tenemos es verdadera.
Los discípulos se quedaron asombrados al ver a Jesús calmar la tormenta. Dijeron: «¿Quién es éste, que hasta el viento y las aguas lo obedecen?»» (Marcos 4:41). De la misma manera, nos asombramos cuando miramos la cruz de Jesús y vemos allí que las mismas manos que calmaron las olas fueron crucificadas para transformarnos de «inmersos en el pecado» en «hijos de Dios, amados y perdonados.»
Jesús nos concede muchas bendiciones en esta vida, pero su mayor regalo no es algo pasajero . Nos enseña a confiar en él, porque siempre estará a nuestro lado. Jesús no prometió que el viaje a través de los mares de la vida sería tranquilo, pero nos aseguró que la llegada sería segura y feliz.
Oremos: Dios amado, gracias por estar siempre a nuestro lado. Te alabamos por tu presencia consoladora. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Alessandro Gustavo Souto
