
Lectura: «El Señor es mi luz y mi salvación; ¿a quién podría yo temer? El Señor es la fortaleza de mi vida; ¿quién podría infundirme miedo?» (Salmo 27:1)
El niño pequeño, que teme la oscuridad, duerme solo con la luz encendida. Cuando se enfrenta a una situación peligrosa, pide ayuda inmediatamente y corre al regazo de sus padres, en quienes confía y en quienes se siente seguro.
David, autor del Salmo 27, tenía miedo. Todos sienten miedo. El miedo no siempre es algo negativo. Es una emoción natural que prepara a una persona para una situación de peligro o amenaza. Es una reacción del organismo que ayuda a sobrevivir. En algún momento, el miedo se activa en nuestra vida, ya sea por la incertidumbre del futuro, malas noticias, enfermedad, muerte, abandono, la oscuridad, el infierno o tantos otros problemas. A veces, el miedo permanece durante mucho tiempo; otras veces, es temporal, como un susto.
¿Cómo vivir con el miedo y superarlo? En el Salmo 27, David comparte su confianza en Dios, diciendo: «El Señor es mi luz y mi salvación; ¿a quién podría yo temer? El Señor es la fortaleza de mi vida; ¿quién podría infundirme miedo?» (Salmo 27:1).
Jesús dijo varias veces a sus seguidores y a quienes le pedían ayuda: «¡No tengáis miedo!» ¡Jesús nos anima e invita a confiar en él! ¡La fe en Jesús ayuda a superar el miedo!
Cuando tengas miedo, recuerda que Jesús está contigo. ¡Él es la luz en la oscuridad y da fuerza en tiempos de necesidad! Así como un niño con miedo pide ayuda a sus padres, tú también puedes pedir ayuda y correr hacia el regazo seguro de Jesús.
Oremos: Amado Señor Dios, fortalece mi fe en Jesús. Dame valor y la certeza de tu compañía para enfrentar y vencer el miedo. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: André Hönke
