
Lectura: «La palabra de Cristo habite ricamente en ustedes. Instrúyanse y exhórtense unos a otros con toda sabiduría; canten al Señor salmos, himnos y cánticos espirituales, con gratitud de corazón.» (Colosenses 3:16)
Probablemente hayas oído la frase bíblica: «porque de la abundancia del corazón habla la boca» (Lucas 6:45). En general, coincidimos en que el corazón se considera el centro de la vida, la sabiduría, las emociones y la espiritualidad. Pero, al fin y al cabo, ¿de qué está lleno tu corazón?
En una de sus enseñanzas, Jesús explica: «Porque cada árbol se conoce por su fruto. No se cortan higos de los espinos, ni se vendimian uvas de las zarzas.» (Lucas 6:44), mostrando que es desde el corazón de donde proceden nuestras palabras y acciones. El apóstol Pablo, escribiendo a los colosenses, advierte que, desafortunadamente, el corazón humano puede ser fuente de pensamientos y comportamientos malignos, trayendo sufrimiento a muchos y llenándonos del peso de la culpa.
Sin embargo, Pablo también nos presenta el remedio para un corazón pecador: «La palabra de Cristo habite ricamente en ustedes. Instrúyanse y exhórtense unos a otros con toda sabiduría.» (Colosenses 3:16). Cuando las enseñanzas de Cristo están arraigadas en nosotros, producen las virtudes del Espíritu Santo: misericordia, gentileza, paciencia, autocontrol, paz, gratitud, perdón y amor, ese amor que une y sana todo lo que ha sido destruido por palabras amargas o sentimientos de rencor.
Que la Palabra de Dios esté en tu corazón para alejarlo del pecado. Enséñaselo a tus hijos. Testifica sobre Aquel que nos alcanzó con perdón a través de su muerte y resurrección. ¡Que Jesús ocupe tu corazón!
Oremos: Dios amado, líbrame de la incredulidad y de la tentación de seguir por el mal camino. Que tu Palabra sea el centro de mi vida y de mi familia, para que siempre tengamos a Jesús en nuestra mente y en nuestro corazón. Amén.
Autor: Gerson Dieter Prates
