
Lectura: «Pues Dios no nos ha llamado a vivir en la inmundicia, sino a vivir en santidad.» (1 Tesalonicenses 4:7)
Está de moda decir que no hay bien ni mal en la experiencia de la sexualidad. Lo único que importa, dicen, es la voluntad de la persona, su satisfacción y felicidad.
El problema es que el corazón humano, marcado por la imperfección, tiende a tener deseos insaciables, confusos e inestables. Por lo tanto, no es raro que los seres humanos sigan el camino del exceso y la perversión. En esta supuesta libertad, la sexualidad está esclavizada por el pecado.
Seguir la mentalidad del mundo y el propio deseo significa no escuchar la Palabra de Dios. Por eso, el apóstol Pablo llama a sus lectores a resistir y no seguir este camino. Dice: «Pues Dios no nos ha llamado a vivir en la inmundicia, sino a vivir en santidad.» (1 Tesalonicenses 4:7). En otras palabras: la voluntad de Dios es que seamos santos, dedicados al Señor.
En tiempos del Antiguo Testamento, Dios apartaba los utensilios para usar en el Templo. Eran sus cosas, que no podían confundirse con cosas comunes. Esto es lo que Dios hace ahora con aquellos que han sido redimidos por la sangre de Jesús. Los aparta para Sí mismo, para que caminen según la voluntad del Señor y no según el viejo corazón ni las ideas de los seres humanos vencidos por el pecado.
Para muchas personas, esta noticia puede parecer incómoda. Pero para quienes creen en Jesús, es diferente. Para quienes conocen la Verdad, Jesús, ser apartados para la comunión con Dios y el servicio es una bendición maravillosa, un gran regalo, no una carga.
Oremos: Dios eterno, gracias por traernos a la comunión contigo. Ayúdanos a vivir según tu voluntad. Por Jesucristo. Amén.
Autor: Cesar Motta Rios
