
Lectura: «Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero.» (Romanos 7:19)
Es costumbre clasificar a las personas en dos grupos distintos: buenas y malas. Es común oír a alguien decir: «Yo soy de los buenos», o si no: «Ese es malo». Pero, si miras la vida misma, ¿dónde encajas tú?
Aquí es necesario considerar dos definiciones: la de los hombres y la de Dios. Desde el punto de vista humano, lo bueno es aquello que no perjudica a los demás, y el malo es el que perjudica. Desde el punto de vista divino, desde que las primeras personas, Adán y Eva, desobedecieron a Dios, todos nacen malos. El Señor nos dice esto a través del salmista: «¡Mírame! ¡Yo fui formado en la maldad! ¡Mi madre me concibió en pecado!» (Salmo 51:5). Esta verdad también se confirma en el Salmo 14:3: «Pero todos se han desviado; todos a una se han corrompido. No hay nadie que haga el bien; ¡ni siquiera hay uno solo!» Solo Dios puede cambiar esta realidad. Él garantiza: «De modo que si alguno está en Cristo, ya es una nueva creación; atrás ha quedado lo viejo: ¡ahora ya todo es nuevo!» (2 Corintios 5:17). ¡Este ha nacido de nuevo!
Sin embargo, quienes confían en Jesús, aunque reciban el perdón de Dios y son una persona nueva, siguen viviendo con su naturaleza humana, inclinados al mal. El apóstol Pablo sintió esto y escribió: «Yo sé que en mí, esto es, en mi naturaleza humana, no habita el bien; porque el desear el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero.» (Romanos 7:18-19). Y entonces exclamó: «¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?» Pero él mismo respondió: «Doy gracias a Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Así que yo mismo, con la mente, sirvo a la ley de Dios, pero con la naturaleza humana sirvo a la ley del pecado.» (Romanos 7:24-25). ¡Y Dios lo hizo! Ese es el secreto. Vive unido con Jesús, en arrepentimiento y fe, afirmado en su Palabra transformadora.
Oremos: Querido Dios, renueva mi vida y capacítame a vivir una nueva vida, día tras día. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Reinaldo Martim Lüdke
