
Lectura: «Yo soy la vid y ustedes los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí ustedes nada pueden hacer.» (Juan 15:5)
En el Día de la Independencia, celebramos la libertad que un país ha conseguido. Sin embargo, la Palabra de Dios nos recuerda una dependencia esencial para cada uno de nosotros: la de Jesucristo. Nos dice: «Yo soy la vid y ustedes los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí ustedes nada pueden hacer.» (Juan 15:5).
Así como una rama no puede sobrevivir sin estar conectada a la vid, nuestra vida pierde su sentido y fruto cuando estamos separados de Dios. La verdadera independencia no está en vivir sin límites, sino en depender de Cristo para todo. En Él encontramos fuerza, salvación y paz, incluso ante los desafíos.
Cuando nos desvinculamos de Él, nos enfrentamos a un vacío que conduce a la muerte espiritual. Pero cuando estamos unimos a él, encontramos sentido, dirección y sustento. La buena noticia es que nos invita a permanecer en la vid. No solo nos da libertad, sino que también transforma nuestra dependencia en una experiencia de amor y alegría.
Así como muchos países han conquistado su independencia política, debemos buscar la libertad que solo Cristo puede ofrecer. Él es la base que nos permite vivir plenamente y con sentido. Celebrar nuestra dependencia de Dios no es una debilidad, sino un acto de reconocimiento que encontramos en Él fortaleza, dirección y verdadera libertad.
Oremos: Señor Jesús, sin ti no podemos hacer nada. Ayúdanos a mantenernos conectados contigo para que podamos dar fruto que glorifique tu nombre. Que encontremos verdadera libertad confiando plenamente en tu amor. En tu nombre. Amén.
Autor: Adilson Giliard Magedans
