
Lectura: «Y ser hallado en él, no por tener mi propia justicia, que viene por la ley, sino por tener la justicia que es de Dios y que viene por la fe, la fe en Cristo.» (Filipenses 3:9)
El contenido de un currículum es esencial para quienes buscan empleo. Los empleadores analizan estudios, cursos, formación y experiencias antes de contratar a alguien.
El apóstol Pablo tenía un currículo impresionante. Hebreo de nacimiento, descendiente de una de las tribus de Israel, fue educado por un rabino renombrado y conocía la ley del Antiguo Testamento, esforzándose por cumplirla rigurosamente. Se convirtió en miembro del partido de los fariseos. El fanatismo burbujeaba en su pecho, persiguiendo a la Iglesia y a los cristianos.
Con tal currículo, Pablo creía que su obediencia a Dios era perfecta y que merecía el cielo. Sin embargo, cuando Jesucristo lo alcanzó, se dio cuenta de que todo era insignificante comparado con la grandeza de la gracia divina. Jesucristo se le apareció a Pablo y, por el poder del Espíritu Santo, se convirtió a la fe cristiana. Su currículo, con sus convicciones, su fanatismo, su confianza en sí mismo, todo esto perdió su valor. Pablo comenzó una nueva vida basada en esta verdad: «Y ser hallado en él, no por tener mi propia justicia, que viene por la ley, sino por tener la justicia que es de Dios y que viene por la fe, la fe en Cristo.» (Filipenses 3:9).
El deseo de mejorar el currículo es encomiable. Pero lo que nos hace aceptables para Dios no es lo que hacemos, sino lo que Él ha hecho por nosotros en Jesús. Obedeció perfectamente la ley de Dios y pagó el precio de nuestros pecados entregando su vida. Por la fe, recibimos el currículum perfecto de Jesús, ¡y eso nos garantiza la vida eterna!
Oremos: Salvador Jesús, gracias por la amarme y aceptarme por fe. Perdona mis pecados y fortalece mi confianza en ti. En tu nombre. Amén.
Autor: Arno Bessel
