
Lectura: «¿Qué más podía hacerse a mi viña, que yo no le haya hecho? ¿Cómo es que dio uvas silvestres, cuando yo esperaba que diera buenas uvas?» (Isaías 5:4)
Incontables consultas y exámenes médicos. Noches sin dormir, lágrimas derramadas, oraciones dirigidas a Dios. Todo lo que se podía hacer para salvar la vida del hijo, pero aun así, la muerte se lo llevó. ¡Lamentable!
El profeta Isaías utiliza la imagen de una cosecha de uvas para describir lo que Dios hizo por el pueblo de Israel. El dueño de la plantación preparó el terreno: cavó el suelo, retiró las piedras y plantó los mejores plantines. Colocó vigilantes para proteger la plantación. Hizo todo con cuidado, esperando que las vides dieran buenas uvas. ¿Pero qué ocurrió? Las viñas produjeron uvas ácidas. Desolados, lamentó el dueño: «¿Qué más podía hacerse a mi viña, que yo no le haya hecho? ¿Cómo es que dio uvas silvestres, cuando yo esperaba que diera buenas uvas?» (Isaías 5:4).
El pueblo de Israel no respondió al inmenso amor de Dios. Incluso después de enviar profetas, anunciar la llegada del Mesías y pedir arrepentimiento, el pueblo corrió tras ídolos y rechazó la misericordia divina. ¡Los resultados cosechados fueron lamentables!
También eres precioso para Dios. Él te considera una «viña» especial, que te cuida con amor. Ha preparado todo para ti. El Espíritu Santo quita las «piedras» de tu corazón y planta la fe en el Salvador Jesús. ¡Perderte sería lamentable! Por amor a ti, Jesús sudó gotas de sangre, bebió la última gota de la copa del sufrimiento, derramó su sangre en la cruz para que tú le pertenecieras. Ahora, el Espíritu Santo cultiva tu vida para que produzcas buenas «uvas»: amor, bondad, paciencia, alegría y generosidad.
Oremos: Querido Dios, gracias por tu inmenso amor. Cultiva la fe en mi corazón para que produzca muchas buenas «uvas». En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Arno Bessel
