
Lectura: «En ningún otro hay salvación, porque no se ha dado a la humanidad ningún otro nombre bajo el cielo mediante el cual podamos alcanzar la salvación.» (Hechos 4:12)
¿Cómo podemos prepararnos para la vida eterna después de la muerte? Mucha gente vive con miedo al juicio de Dios y a ir al infierno. Escuchan a los predicadores diciéndoles lo que deben y lo que no deben hacer para no ser condenados para siempre.
Martín Lutero, un joven profesor de la Universidad Alemana de Wittenberg, vivió esta misma angustia espiritual hasta que, mientras estudiaba la Biblia para sus clases, descubrió la respuesta que trajo paz a su corazón. Pronto, comenzó a difundir el mensaje de que la vida eterna no se gana con nuestro esfuerzo, sino que es un regalo de Dios, conquistado por Jesús. Muchos creían en el evangelio, pero otros, incluidos autoridades de la iglesia y del estado, querían silenciar su voz. Lutero necesitaba demostrar que no estaba enseñando nada equivocado, sino solo lo que Dios dice en su Palabra. Para ello, él y sus colegas presentaron un documento al emperador y a las demás autoridades, en la ciudad de Augsburgo, el 25 de junio de 1530. El documento pasó a conocerse como la Confesión de Augsburgo. Resume las doctrinas principales de la fe cristiana y afirma que «obtenemos el perdón de los pecados y somos considerados justos ante Dios por causa de Cristo, por la gracia através de la fe.»
Mucho antes, los apóstoles de Jesús predicaban esta verdad, y cuando las autoridades religiosas en Jerusalén se enfadaron y los arrestaron, Pedro continuó hablando de Jesús y les dijo: «En ningún otro hay salvación, porque no se ha dado a la humanidad ningún otro nombre bajo el cielo mediante el cual podamos alcanzar la salvación.» (Hechos 4:12). Esta es la verdad más importante que todos necesitan conocer.
Oremos: Gracias, Señor, por todos los que han enseñado y aún enseñan la salvación por causa de Jesús. En su nombre. Amén.
Autor: Paulo Wille Buss
