
Lectura: «El Señor es bueno; es un refugio en el día de la angustia. El Señor conoce a los que en él confían.» (Naum 1:7)
Un meme que circula por internet dice: «Dios da sus batallas más duras al mejor soldado. ¡Creo que me está confundiendo con Rambo!» Esta frase irónica, que alude al personaje de las películas de acción protagonizadas por Sylvester Stallone en los 80, refleja la dura realidad de enfrentarse a problemas serios en la vida: crisis de pareja, dificultades económicas, enfermedades, dudas existenciales, entre otros desafíos. A menudo, estas dificultades surgen al mismo tiempo, poniendo a la persona en una verdadera «batalla» por la supervivencia.
En el Antiguo Testamento, el pueblo de Dios atravesó tiempos realmente difíciles. Debido a su desobediencia, se convirtieron en prisioneros de los asirios. Sin embargo, Dios reafirmó su cuidado y fidelidad a través del profeta Nahum: «El Señor es bueno; es un refugio en el día de la angustia. El Señor conoce a los que en él confían.» (Naum 1:7).
Dios nunca es ajeno a nuestros problemas. La mayor prueba de esto fue enviar al Salvador Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, para liberarnos del poder del pecado, la muerte y el Diablo. Jesús enfrentó la peor de las batallas por nosotros: la crucifixión. Al clamar en la cruz: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (Marcos 15:34), aseguró que, mediante su sacrificio, Dios nunca abandonará a sus hijos.
En nuestras luchas diarias, busquemos al Señor nuestro Dios, que es fiel y desea auxiliarnos en toda aflicción.
Oremos: Padre bondadoso, ante las batallas que enfrentamos, ayúdanos a recordar tu invitación: «Invócame en el día de la angustia; yo te libraré, y tú me honrarás» (Salmo 50:15). En Cristo. Amén.
Autor: Aramis Hoffmann Jacoby
