
Lectura: Decían de Pablo; «¿De qué habla este parlanchín?» Y otros decían: «Es alguien que habla de dioses extranjeros.» Y es que les hablaba del evangelio de Jesús, y de la resurrección.» (Hechos 17:18)
No es raro pensar que sabíamos la respuesta a una situación concreta y, al final, nos equivocamos. La ignorancia, el pecado y el orgullo van de la mano en muchas ocasiones.
En Atenas, el apóstol Pablo salió a la plaza pública. Allí conoció a personas de todo tipo, bien educados, profesores y gente corriente, curiosa por aprender cosas nuevas. Al escuchar a Pablo, algunos profesores dijeron: «¿De qué habla este parlanchín?» Y otros decían: «Es alguien que habla de dioses extranjeros.» Y es que les hablaba del evangelio de Jesús, y de la resurrección.» (Hechos 17:18).
A pesar de esta primera recepción no tan calórica, Pablo siguió hablando sobre quiénes somos, quién es Dios el Creador y cómo nos ofrece nueva vida a través de Jesús, a pesar de nuestra ignorancia y orgullo: «Dios, que ha pasado por alto esos tiempos de ignorancia, ahora quiere que todos, en todas partes, se arrepientan.» (Hechos 17:30). Dios no está lejos de cada uno de nosotros, dijo Pablo. Mucha gente, al enterarse de la resurrección de Jesús, se burló de Pablo. Pero algunas personas lo creían.
A pesar de nuestro orgullo e ignorancia, Dios sigue proclamando su amor. Quiere estar cerca de nosotros y desea traernos paz y vida eterna en Jesús. El mensaje de la vida en Jesús sigue siendo proclamado. La noticia que a nuestros oídos ignorantes y orgullosos parece absurda, transforma milagrosamente a personas ignorantes y orgullosas como nosotros en siervos que reciben vida abundante.
Oremos: Jesús, no permitas que mi orgullo e ignorancia me alejen de la verdad y la vida en ti. Amén.
Autor: Fernando Henrique Huf
