
Lectura: «Ama a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor.» (Levítico 19:18)
Amar al prójimo como a uno mismo es un concepto muy generalizado. Muchos lo interpretan de forma egoísta: primero debo amarme a mí mismo y satisfacerme para poder amar a mi prójimo.
Dios es muy práctico cuando habla de amor al prójimo. Recuerda varios mandamientos para mostrar lo que significa amar al prójimo: honrar al padre y a la madre, no robar, no usar falsedades, no oprimir a los necesitados, no robar, no ser chismoso, no intentar atacar la vida del prójimo.
Cuando se le preguntó a Jesús cuál es el mandamiento principal, respondió con un resumen de todos: » “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.” Éste es el primero y más importante mandamiento. Y el segundo es semejante al primero: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» (Mateo 22:37-39; Levítico 19:18). El Apóstol Pablo comenta: «Porque toda la ley se cumple en esta sola palabra: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.»» (Gálatas 5:14).
Todo esto tiene una razón de ser: Dios es santo y quiere que seamos santos. Si confesamos nuestra fe en Dios, no podemos actuar en contra de su voluntad. Desgraciadamente, ya no podemos ser santos como Dios exige. Pero esto no nos da derecho a transgredir su voluntad.
Aquí es donde la gracia de Dios en Cristo nos fortalece. Por medio de Jesús, que nos amó hasta el punto de dar su vida por nosotros, recibimos el perdón que necesitamos. Nos enseña a orar: «Y perdona nuestras deudas.» Nos llena de su amor para que podamos amar al prójimo como él nos ama a nosotros.
Oremos: Dios, perdona mi falta de amor. Lléname con tu amor en Cristo para que pueda amar a mi prójimo. En Jesús. Amén.
Autor: Carlos Walter Winterle
