
Lectura: «No desecho la gracia de Dios; pues si la justicia dependiera de la ley, entonces por demás habría muerto Cristo.» (Gálatas 2:21)
En internet, la «cancelación» es como un fantasma que acecha a muchas personas. Se refiere al juicio público en el que las personas son excluidas o rechazadas por injusticias cometidas. Solo hace falta un desliz y ahí viene, despiadado, actuando como una regla invisible que todos parecen seguir. No hay perdón, ni margen para el error. En cierto modo, esto se parece a la ley de Dios, que también nos pone en una posición imposible: incapaces de ser salvos por nosotros mismos. Por eso dice el apóstol Pablo: «No desecho la gracia de Dios; pues si la justicia dependiera de la ley, entonces por demás habría muerto Cristo.» (Gálatas 2:21).
Aquí viene la diferencia crucial: Jesucristo. Cumplió todas las exigencias de la ley, no siendo «cancelo» por ella, y nos ofreció algo mayor: la gracia. Con Jesús, no somos descartados por nuestros errores, sino acogidos y perdonados. Él transforma la cancelación en redención, llamándonos de salvos e hijos de Dios. En lugar de condenación, encontramos en él amor y vida eterna. Este es el verdadero don de la gracia, algo que la cultura de la «cancelación» nunca podrá ofrecer.
Por lo tanto, descansa en lo que Jesús ha hecho por ti, cree en esta gracia que nos acoge y nos da perdón. Así, podemos vivir una vida lejos de la tentación de «cancelar» a alguien, o de pensar que todo ha terminado porque hemos sido cancelados. Lo que sí podemos hacer es hablar de esta gracia que jamás será cancelada.
Oremos: Señor Jesús, te damos gracias por tu increíble gracia. En un mundo que nos cancela tan fácilmente, tu nos das la oportunidad de empezar de nuevo. Ayúdanos a reflejar esa misma gracia a los demás. En tu nombre. Amén.
Autor: Lucas Pinz Graffunder
