
Lectura: «¡Levántate, resplandece! ¡Tu luz ha llegado! ¡Ya la gloria del Señor brilla sobre ti!» (Isaías 60:1)
¿Alguna vez has tenido que caminar por un camino muy oscuro, sin poder ver el camino correcto, sin saber si había agujeros u otros peligros delante? Cualquiera que haya pasado por esta experiencia sabe la inseguridad que causa. Sin luz, no podemos estar seguros de si vamos a llegar al lugar correcto. En estas situaciones, una luz fuerte marca toda la diferencia.
Nuestra vida puede compararse con un viaje. Desde el momento en que nacemos, seguimos un camino. Sin embargo, muchos caminan sin rumbo, como si estuvieran en la oscuridad. Sin una luz que guíe su camino, viven sin saber a dónde ir. Pero la buena noticia es que Dios ha enviado esta luz al mundo. El profeta Isaías nos recuerda: «¡Levántate, resplandece! ¡Tu luz ha llegado! ¡Ya la gloria del Señor brilla sobre ti!» (Isaías 60:1).
Esa luz es Jesucristo, como él mismo declara: «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (Juan 8:12). La luz de Cristo ilumina nuestros pasos y nos muestra la salvación que ha ganado. Jesús vino al mundo como hijo de Belén y murió como el Salvador en Jerusalén, abriéndonos el camino a la vida eterna.
El amor de Dios no quiere que nadie camine perdido en la oscuridad y sin rumbo. Nos ofrece su luz, que revela su perdón, gracia y amor. Quienes creen en Jesús ya no caminan en la oscuridad, sino que van sanos y salvos hacia la eternidad con el Padre. ¡Creed en esa luz! ¡Caminad en esa luz! ¡Vivid en esa luz!
Oremos: Querido Jesús, gracias por ser la luz en mi camino. Guíame con seguridad en los brazos de mi Dios y Padre, para que no tenga dudas, sino vivir con la certeza de estar en el camino correcto. En tu nombre. Amén.
Autor: Agenor Berger
