
Lectura: «En quien (Jesucristo) tenemos seguridad y confiado acceso por medio de la fe en él.» (Efesios 3:12)
A lo largo del Antiguo Testamento, el mensaje de salvación parecía estar más restringido al pueblo de Israel. Dios había elegido a estas personas para revelar su voluntad y preparar el camino para la llegada del Salvador. Profetas como Isaías y Jonás indicaron que la gracia de Dios no se limitaba a Israel, sino que se extendía a todos los pueblos.
Con la venida de Jesús al mundo, esta promesa se cumplió plenamente. Él no solo vino por los judíos, sino por toda la humanidad. Antes de ascender al cielo, ordenó a sus discípulos: «Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura» (Marcos 16:15).
Si antes el evangelio parecía reservado para un solo pueblo, ahora es la buena noticia del amor de Dios por toda la humanidad. Dios no quiere salvar solo a algunos y dejar a otros en paz. Su deseo es que todos le conozcan y se acerquen a él con confianza (1 Timoteo 2:4).
El único camino hacia Dios Padre es Jesús. Solo podemos conocer a Dios porque conocemos a su Hijo, que vino al mundo como el Salvador prometido. Cuando creemos en el niño nacido en Belén como nuestro Salvador, recibimos las bendiciones de Dios. Como nos recuerda el apóstol Pablo, «En quien tenemos seguridad y confiado acceso por medio de la fe en él.» (Efesios 3:12).
En Cristo, no hay barreras para el amor de Dios. Su invitación es para todas las personas del mundo. A ti también.
Oremos: Señor Jesús, ayúdame a conocerte cada vez más, para que pueda estar en presencia del Padre con la certeza de la salvación y la vida eterna contigo. En tu nombre. Amén.
Autor: Agenor Berger
