
Lectura: «No tengan deudas con nadie, aparte de la deuda de amarse unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley.» (Romanos 13:8)
En la carta de Pablo a los romanos, se nos llama a reflexionar sobre nuestra relación con las autoridades. Esto es un gran desafío, porque tenemos descontento y opiniones divergentes. Vivimos en un mundo polarizado, donde la voluntad de Dios a menudo es ignorada, lo que dificulta cumplir el mandamiento de «amarse unos a otros», que incluye amar y orar por quienes nos gobiernan.
Las autoridades, como nos recuerda Pablo, son colocadas por Dios para cumplir un propósito, aunque no siempre estemos de acuerdo con ellas. Incluso cuando no nos gusta esta realidad, y los gobernantes no son los que elegimos, esta verdad está en las Escrituras: «Todos debemos someternos a las autoridades, pues no hay autoridad que no venga de Dios. Las autoridades que hay han sido establecidas por Dios.» (Romanos 13:1). Someterse a la Palabra de Dios requiere esfuerzo, humildad y la constante superación de nuestra naturaleza pecaminosa. Al fin y al cabo, ¿no rezamos, «Hágase tu voluntad»?
La rebelión contra las autoridades, ya sea en casa, en el trabajo o en el gobierno, es común. Pero Dios nos invita a seguir otro camino: «No tengan deudas con nadie, aparte de la deuda de amarse unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley.» (Romanos 13:8). Cada acto de amor es una respuesta al amor de Dios, quien, aunque teniendo motivos para despreciarnos por nuestros pecados, ha elegido amarnos en Cristo.
Obedecer la Palabra de Dios no solo cumple un deber, sino que también nos alinea con su voluntad, dando testimonio de nuestra fe. La mayor deuda, el pecado, ya ha sido pagada por Cristo. Ahora, somos llamados a vivir este amor en nuestras interacciones, cara a cara y virtualmente.
Oremos: Señor, ayúdame a tratar a todos con respeto y compasión. Que mi corazón rebose con la gracia que recibo de ti. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Adelar Munieweg
