
Lectura: «Señor, yo amo la casa en que resides, la mansión donde se posa tu gloria.» (Salmo 26:8)
En internet, podemos encontrar fácilmente listas con razones para ir a la iglesia y también para no ir. A menudo, nos tenta asistir pensando solo en nosotros mismos, en lo que podemos hacer allí o en lo que esperamos recibir. Un músico reconocido observó que, en la actualidad, la gente ha perdido la dimensión vertical de la adoración a Dios. Hablaba del hecho de que mucha gente, cuando va a la iglesia, solo mira hacia los lados. Están obsesionados con la alabanza, con el espectáculo propuesto, con la belleza del templo, olvidando lo principal: Dios está allí. Es él quien nos reúne en su casa para servirnos con la buena nueva de la salvación en Cristo a Jesús.
El salmista David demuestra la dimensión correcta de lo que significa estar en la casa de Dios. Él dice: «Señor, yo amo la casa en que resides, la mansión donde se posa tu gloria.» (Salmo 26:8). Se siente agraviado y clama por la justicia de Dios. Pero sabe que el Señor conoce su corazón, porque Dios ve más allá de las apariencias y comprende nuestros pensamientos e intenciones.
Ir a la iglesia implica abrir nuestro corazón y reconocer nuestros pecados, porque necesitamos el perdón de nuestro Dios en Cristo Jesús. Por eso David clama al Señor pidiendo misericordia y compasión.
Ve siempre a la iglesia. Di con el salmista: «Amo tu casa, Señor.» Confesad vuestros pecados y suplicad por la misericordia del Señor Dios en Cristo Jesús. La sangre de Jesús, derramada en la cruz, te limpiará de todo pecado.
Oremos: Señor Dios, motiva que siempre esté en la iglesia por la razón correcta de recibir el perdón de los pecados en Cristo Jesús. En Cristo. Amén.
Autor: Silvio Ferreira da Silva Filho
