
Lectura: «La luz de los ojos alegra el corazón, y las buenas noticias fortalecen los huesos.» (Proverbios 15:30)
¡Qué bien es estar con amigos! Entre tantas cosas, nada sustituye una buena conversación, un encuentro verdadero, una mirada sincera. En una época en la que la comunicación digital domina, estar en persona con los seres queridos es algo especial. La Biblia nos enseña: «La luz de los ojos alegra el corazón, y las buenas noticias fortalecen los huesos.» (Proverbios 15:30). Mira el poder de la mirada. ¡Cómo marca la diferencia!
En una verdadera amistad, la mirada siempre será de amabilidad y acogida. Los amigos no juzgan, no envidian, no llevan malicia en sus ojos. Al contrario, la mirada amistosa siempre traerá buenas sensaciones, como dice Proverbios, «alegra el corazón». La mirada amistosa no solo celebra los momentos felices, sino que también sostiene los días difíciles.
Y hay una mirada que nunca nos abandona: la de Jesús. Conoce nuestras alegrías y tristezas, nuestras luchas y ansiedades. El Evangelio nos dice que Jesús, al ver una gran multitud, «sintió lástima por esa gente» (Marcos 6:34). Esa misma mirada compasiva está sobre nosotros hoy. Nos ve con amor, nos recibe y nos sostiene con su gracia.
La mirada de Cristo no solo nos consuela, sino que también nos transforma. Su presencia y Su Palabra llenan nuestros corazones de alegría y esperanza. Como un amigo fiel, camina a nuestro lado, ofreciéndonos perdón y salvación. De este modo, también podemos afirmar que la mirada de Jesús, su presencia y su palabra «alegran el corazón».
Oremos: Señor Dios, gracias por tu mirada compasiva y por tu amor que nos sostiene. Que muchos puedan reconocer tu presencia y alegrarse de tu mirada amistosa. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Renato Rodrigues Farofa
