
Lectura: «No nos cansemos, pues, de hacer el bien; porque a su tiempo cosecharemos, si no nos desanimamos.» (Gálatas 6:9)
Hacer el bien y servir a nuestro prójimo es un reto. Persistir en esta práctica sin desanimarse es aún más desafiador. Esto se debe a que, por naturaleza, tendemos al mal. Nuestra condición humana marcada por el pecado refleja una tendencia constante al egoísmo y la impureza. La Palabra de Dios nos enseña que esta inclinación natural nos lleva a mirar solo a nosotros mismos, buscando servir a nuestros propios intereses y, a menudo, a hacer el bien con segundas intenciones. Esta realidad es evidente en todas las culturas y niveles de relaciones humanas.
El pecado nos hace egocéntricos, incapaces de servir plenamente y nos condena a la muerte eterna. Sin embargo, Dios, en su gracia, nos ofrece perdón a través de Jesucristo. Nos sirvió perfectamente, entregándose en la cruz y resucitando, reemplazándonos en el llamado al servicio del amor y a la misericordia.
Ahora, a través de Jesús, estamos llamados a servir, reflejando su amor en nuestras acciones. Esta llamada no depende de nuestra fuerza o mérito, es el Espíritu Santo quien nos llama, fortalece y nos capacita, incluso cuando nos sentimos incapaces o desanimados. Servir es una expresión concreta de gratitud por el perdón y por la nueva vida que hemos recibido en Cristo. Responder a esa invitación es vivir en la libertad que el evangelio nos otorga. Por eso se nos recuerda: «No nos cansemos, pues, de hacer el bien; porque a su tiempo cosecharemos, si no nos desanimamos.» (Gálatas 6:9).
Oremos: Señor, ayúdanos a hacer el bien sin desanimarnos. Que tu Espíritu nos sostenga, capacitándonos a servir con confianza en tu gracia, amor y perdón. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Leonidio Schulz Görl
