
Lectura: «Si el profeta anuncia paz, y sus palabras se cumplen, entonces se le reconoce como un profeta verdadero, enviado por el Señor.» (Jeremías 28:9)
¿Prefieres buenas noticias o malas noticias? Un médico diagnosticó a un paciente con una enfermedad grave que solo podía curarse con cirugía urgente. Asustado por la mala noticia, el hombre acudió a un curandero que le dijo que podía curarle con un té de hierbas. Unos días después, al borde de la muerte, el hombre se dio cuenta de que las supuestas «buena noticia» del curandero era falsa.
El profeta Jeremías fue enviado por Dios para anunciar duras noticias a su pueblo, que se había desviado de la verdad, estaba practicando maldades y pecaba contra Dios. Jeremías anunció que Dios castigaría al pueblo con el exilio babilónico y llamó al pueblo al arrepentimiento y a la fe en Dios. Pero apareció un falso profeta, llamado Hananias, diciendo que Dios acabaría con el poder del rey de Babilonia y traería al pueblo de vuelta a su tierra. Parecía ser una buena noticia. Pero eran noticias falsas que tendrían como consecuencia que la gente no se arrepintiera y no regresara a Dios. Jeremías entonces dijo: «Así sea. Que así lo haga el Señor y confirme tu profecía, de que los utensilios de la casa del Señor, y todos los que fueron llevados a Babilonia, volverán a este lugar.» «Si el profeta anuncia paz, y sus palabras se cumplen, entonces se le reconoce como un profeta verdadero, enviado por el Señor.» (Jeremías 28:6-9).
También necesitamos escuchar la dura noticia de que somos pecadores por naturaleza y que debemos arrepentirnos para no sufrir el castigo de la condenación eterna. La verdadera buena noticia es que Jesús asumió nuestro pecado, nos da su perdón, vida y salvación eterna. Arrepiéntete de tus pecados y cree en esta buena noticia.
Oremos: Señor Dios, no me permitas creer en falsos profetas, sino haz que confíe siempre en tu Palabra. En su nombre. Amén.
Autor: Paulo Wille Buss
