
Lectura: «Tú, deja tus pesares en las manos del Señor, y el Señor te mantendrá firme; el Señor no deja a sus fieles caídos para siempre.» (Salmo 55:22)
Vivimos en días en los que parece que todo pesa sobre nuestros hombros. Preocupaciones por el futuro, ansiedad por lo que no podemos resolver, salud deteriorada o el cansancio de acompañar a quienes sufren. Todo esto nos desgasta y a veces nos hace sentir pequeños e impotentes. Quizá estés justo en este punto hoy: sobrecargado y sin saber cómo seguir adelante.
La buena noticia es que Dios nos invita a compartir nuestras cargas con Él. Nuestro Padre celestial, que nos conoce tan bien, nos pide que le entreguemos todo lo que nos pesa. Ve cada detalle de nuestra vida y comprende las aflicciones que a menudo ni siquiera podemos poner en palabras.
El rey David nos dice: «Tú, deja tus pesares en las manos del Señor, y el Señor te mantendrá firme; el Señor no deja a sus fieles caídos para siempre.» (Salmo 55:22). Esto es un llamado a un acto de profunda confianza, a entregar en manos de Dios aquello que no podemos resolver por nosotros mismos. Cuando le encomendamos nuestras cargas, no solo recibimos alivio, sino que sentimos su fortaleza sostenida en los momentos de mayor debilidad.
Dios reveló su mayor cuidado al enviar a Jesús para liberarnos del peso del pecado y ofrecernos paz. En la cruz, Cristo soportó la mayor de las cargas para que pudiéramos cargar todas las demás sobre él. En Jesús, tenemos descanso para el alma y confianza en que camina a nuestro lado, fortaleciéndonos en cada paso. Por tanto, entrega tus problemas al Señor y ¡ten paz!
Oremos: Padre, gracias por tu constante cuidado. Ayúdame a confiar en Ti y a poner mis cargas en tus manos. Gracias por Jesús, que soportó nuestra mayor carga y nos dio paz. En Cristo. Amén.
Autor: Otávio Augusto Schlender
