
Lectura: «Pero cuando venga sobre ustedes el Espíritu Santo recibirán poder, y serán mis testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.» (Hechos 1:8)
¿Sabes lo que es un testigo? Generalmente, en el uso popular, ser testigo es decir lo que has visto y oído. Es muy común que los testigos sean llevados ante un tribunal para exponer su perspectiva sobre un hecho y así conducir al jurado a una decisión justa.
En el libro bíblico de los Hechos tenemos la promesa de Jesús de que «Pero cuando venga sobre ustedes el Espíritu Santo recibirán poder, y serán mis testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.» (Hechos 1:8). Para los primeros discípulos, ser testigos de Jesús fue relativamente fácil, ya que vieron a Jesús resucitado, su ascenso al cielo y recibieron el Espíritu Santo en Pentecostés. Fueron testigos muy fieles, pues hablaron de lo que habían visto y oído. Su testimonio es fiel, y confiamos en él.
¿Cómo podemos ser testigos de Cristo hoy? Nuestro testimonio está íntimamente ligado a la Palabra de Dios, es decir, testificamos lo que creemos que está registrado en las Escrituras: que Jesús murió en la cruz por los pecados del mundo y, al tercer día, resucitó, venciendo a la muerte y al diablo, concediendo la vida y la salvación eternas. Estos hechos testimoniados por discípulos de Jesús fueron registrados en las Escrituras para que podamos conocer las buenas nuevas y, por el poder del Espíritu Santo, creer en Cristo.
Hoy recibes este mensaje que viene de muy lejos y que ha cruzado los siglos para que seas salvo por la fe en Jesús y para que, por el poder del Espíritu Santo, tú también seas testigo de Su Palabra. En la certeza de la salvación en Jesús, proclamamos su amor al mundo.
Oremos: Querido Jesús, envía tu Espíritu Santo para que crea en ti y sea testigo de tu amor. Amén.
Autor: Gabriel Schmidt Sonntag
