
Lectura: «¡Dichosos ustedes, si sufren por causa de la justicia! Así que no les tengan miedo, ni se asusten.» (1 Pedro 3:14)
«¿Qué he hecho para merecer esto?» es la pregunta que surge cuando el sufrimiento que enfrentamos parece demasiado grande en comparación con nuestros pecados, cuando somos humillados o rechazados injustamente. Frente al sufrimiento, le preguntamos a Dios las razones de tanto dolor y si realmente se preocupa por nosotros.
Cómo reaccionar, entonces, cuando escuchamos las palabras de Dios a través del apóstol Pedro: «¡Dichosos ustedes, si sufren por causa de la justicia! Así que no les tengan miedo, ni se asusten.» (1 Pedro 3:14) Y para «empeorar las cosas», Jesús dijo que debemos tomar nuestra propia cruz y seguirle, ¡y que seríamos odiados por su nombre!
Nadie quiere sufrir. Pero el sufrimiento forma parte de toda experiencia humana. Y lo que Jesús nos ofrece, al sufrir el sufrimiento más terrible muriendo por los pecados de todos nosotros, es la certeza de que no enfrentaremos el infierno, el sufrimiento eterno. ¡Sí, el sufrimiento algún día terminará! Por eso, cuando sufrimos por hacer lo correcto a los ojos de Dios, somos felices porque ese mismo Dios nos ha dado paz a través de Jesús. Ese mismo Dios, en el día del juicio, no nos condenará porque Jesús nos cubre con su justicia, su victoria sobre la muerte. «Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios.» (1 Pedro 3:18).
Sea cual sea el sufrimiento que estés pasando, no te preocupes: Jesús te guía al Padre. Dios está contigo, incluso en medio del sufrimiento.
Oremos: Señor, Dios mío, en medio del sufrimiento, recuérdame que, por causa de Jesús, algún día resucitaré y todo dolor terminará. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Fernando Henrique Huf
