
Lectura: «Busquen, como los niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por medio de ella crezcan y sean salvos.» (1 Pedro 2:2)
Las autoridades sanitarias recomiendan que el primer alimento de un recién nacido sea exclusivamente leche materna. Otro alimento es peligroso para su salud y desarrollo.
Así como un bebé necesita leche materna para crecer y fortalecerse, así todo ser humano necesita la Palabra de Dios. Por eso el apóstol Pedro escribió: «Busquen, como los niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por medio de ella crezcan y sean salvos.» (1 Pedro 2:2). La Palabra de Dios es el alimento que nos sostiene y transforma, promoviendo el crecimiento espiritual hacia la madurez en Cristo.
El apóstol también compara a quienes confían en Dios con un templo único y vivo. Esta estructura no está hecha de ladrillos, sino de personas llamadas a confiar en Cristo y vivir según la voluntad de Dios.
La Biblia dice que al morir en la cruz y resucitar, Cristo nos sacó de las tinieblas hacia la luz, haciéndonos su pueblo elegido y propiedad exclusiva de Dios. A través de la Palabra de Dios, el Espíritu Santo nos edifica continuamente. Así, todos los que confían en Dios están integrados en esta gran obra, este templo vivo, donde Dios mismo hace su morada.
Así como el cuerpo crece y madura, la fe en Cristo nos edifica mientras nos alimentamos de su Palabra. Confiando en la presencia y la providencia de Dios, somos edificados, fortalecidos y transformados cada día.
Oremos: Dios de toda gracia, te doy gracias por conocer tu amor y saber que en tu Palabra encuentro el verdadero alimento que nutre, sostiene y fortalece mi vida. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Fernando Behling
