
Lectura: «Vengan a mí todos ustedes, los agotados de tanto trabajar, que yo los haré descansar.» (Mateo 11:28)
Desde hace tiempo, se ha prometido reducir la carga de trabajo. Una razón sería invertir más tiempo en el descanso, el ocio y la familia. Hoy, sin embargo, parece que estamos más ocupados: tareas acumuladas, trabajo llevado a casa y preocupaciones por la almohada.
Aunque es agotador, la Biblia muestra que el trabajo no es un castigo de Dios, sino que los seres humanos fueron creados para trabajar y descansar. Sin embargo, debido a la desobediencia, el cansancio y la fatiga son consecuencias que el pecado impone en la vida humana hasta hoy.
Cuando hablamos de descanso, normalmente pensamos en hacer una pausa, pero la Biblia nos invita a mirar más allá: el verdadero descanso que proviene de la presencia de Jesús. El descanso es, en efecto, tener tiempo para la restauración del cuerpo y la mente, así como también es dedicar tiempo al cuidado espiritual. Esto se debe a que el propósito de Dios para la humanidad no es una rutina de trabajo ininterrumpida, sino disfrutar de su presencia, ya sea en el trabajo o en reposo.
Descansar verdaderamente es más que parar y buscar alivio en la distracción. Descansar en verdad es participar en el descanso que Dios ofrece, es oír a Jesús decir: «Vengan a mí todos ustedes, los agotados de tanto trabajar, que yo los haré descansar.» (Mateo 11:28). Jesús soportó la carga de nuestro pecado y nos garantiza la salvación. Esta es la promesa que tenemos en la Palabra de Dios, en la que Jesús nos invita a descansar y la seguridad de que estamos bajo el cuidado de Dios.
Oremos: Salvador Jesús, gracias por proporcionar descanso temporal y eterno. En tu nombre. Amén.
Autor: Fernando Behling
