
Lectura: «El Señor creó los cielos y la tierra, y el mar y todos los seres que contiene. El Señor siempre cumple su palabra.» (Salmo 146:6)
Muchas personas están experimentando una grave crisis de confianza. Ya sea en relación con un gobernante, un compañero de trabajo o incluso dentro de la propia familia, parece cada vez más difícil tener a alguien en quien confiar. En lugar de admitir este hecho, el Salmo 146 recomienda no confiar en los seres humanos.
Esta recomendación no solo afecta a los demás, sino también a nosotros mismos, ya que somos defectuosos e imperfectos. A menudo mostramos una autoconfianza exagerada: creemos que todo depende de nosotros o que tenemos el control de todo, cuando en realidad somos más limitados e incapaces de lo que queremos admitir.
El Salmo 146 lleva mucho tiempo escrito, pero su testimonio es válido para todas las épocas: muestra que Dios cuida de los oprimidos, alimenta a los hambrientos, libera a los encarcelados y protege a extraños, huérfanos y viudas. En este sentido, en lugar de confiar en los seres humanos, dice: «El Señor creó los cielos y la tierra, y el mar y todos los seres que contiene. El Señor siempre cumple su palabra.» (Salmo 146:6). Confiar en Dios es escuchar, aceptar y recibir lo que el Señor ofrece en su Palabra, porque sus promesas no fallan y su fidelidad perdura para siempre.
En la Biblia, Dios demuestra su amor por los seres humanos cumpliendo sus promesas. Sin duda, la mayor promesa se cumple en la venida del Salvador Jesús, que en la cruz se entregó a la muerte por amor al mundo y, victorioso, también resucitó. Gracias a Jesús, Dios te ofrece el perdón completo, la alegría y la vida eterna, y te llama a confiarle toda tu vida.
Oremos: Dios misericordioso, gracias por tu amor mostrado al mundo y a mí. Guárdame en esta seguridad para siempre. En Cristo. Amén.
Autor: Fernando Behling
