
Lectura: «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que por su gran misericordia y mediante la resurrección de Jesucristo nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva.» (1 Pedro 1:3)
Hay momentos en los que sentimos que nos han dado una nueva vida, una nueva oportunidad, una nueva etapa para avanzar. Son acontecimientos notables que nos transmiten esta sensación. Sin embargo, hay una nueva vida dada por Dios que, a través de Jesucristo, nos conduce a la vida eterna.
En el primer capítulo de la Primera Carta de Pedro, leemos: «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que por su gran misericordia y mediante la resurrección de Jesucristo nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva.» (1 Pedro 1:3). Nuestra nueva vida y nuestra alabanza se basan en la misericordia de Dios y en la victoria que hemos recibido a través de la resurrección de Cristo. Es a través de este amor mostrado en Jesús que recibimos riquezas eternas (1 Pedro 1:4).
Sin embargo, mientras estemos en este mundo, enfrentaremos tristeza y pruebas (1 Pedro 1:6-7). Aunque hemos recibido este nuevo nacimiento por fe, flaqueamos y a veces caemos en la tentación. Pero Dios, en su gracia, sigue dándonos perdón y fortaleza para vivir según su voluntad. A través de la fe en Jesús, tenemos la alegría de la salvación, y en esta nueva vida podemos estar plenamente seguros de su compañía, incluso sin verlo (1 Pedro 1:8-9). Esta es la nueva vida concedida por Dios que, por su misericordia, nos garantiza la victoria del perdón para la vida eterna.
Oremos: Querido Dios, gracias por darnos nueva vida a través de la obra de Cristo. Perdonadnos, porque tantas veces nos hemos desviado de este maravilloso regalo. Guíanos siempre por el camino de tu salvación. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Ezequiel Blum
