
Lectura: «Desgárrense el corazón, no los vestidos, y vuélvanse al Señor su Dios, porque él es misericordioso y clemente, lento para la ira y grande en misericordia, y le pesa castigar.» (Joel 2:13)
El mensaje bíblico de perdón y vida eterna a través de la fe en Jesucristo incluye un llamado al arrepentimiento. Esta predicación es necesaria, porque todos los seres humanos son pecadores y necesitan perdón y salvación. Este tema recorre las páginas de la Biblia y nos revela que la persona que no se arrepiente de sus pecados sufrirá castigo eterno por su culpa.
Arrepentirse es reconocer los propios defectos, sentir pesar por ellos, desear corregir la propia vida y, al mismo tiempo, confiar en el evangelio de la salvación, es decir, creer que el pecado es perdonado por el sacrificio de Cristo.
La tendencia natural del pecador es intentar huir y esconderse de Dios. Así ha sido desde que Adán y Eva pecaron y el pecado se extendió por toda la humanidad. El arrepentimiento es el camino opuesto: es volver a Dios. No es un acto exterior de mera apariencia, sino un acto interno de conversión, un giro sincero en reconocimiento y dolor por pecados y en la esperanza del perdón.
«Desgárrense el corazón, no los vestidos, y vuélvanse al Señor su Dios, porque él es misericordioso y clemente, lento para la ira y grande en misericordia, y le pesa castigar.» (Joel 2:13). Esta fue la predicación entregada al pueblo de Dios a través del profeta Joel. Este mensaje sigue siendo válido para todas las personas, de todos los tiempos, tribus y pueblos.
Con la ayuda del Espíritu Santo, vuelve al Señor cada día. Es bondadoso y misericordioso. Confía que, en Cristo tienes perdón, nueva vida y salvación eterna.
Oremos: Dios, ten piedad de mí, porque soy pecador. Amén.
Autor: Ernani Kufeld
