
Lectura: «Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia mediante un solo hombre, Jesucristo.» (Romanos 5:17)
Todos tenemos algo en común: heredamos de Adán y Eva la condición pecaminosa que nos separa de Dios. Como dice el refrán: «Hijo de pez, el pesecito es». Queremos hacer el bien, pero muchas veces no podemos. Llevamos luchas y conflictos internos con los demás y con Dios mismo.
El apóstol Pablo conocía nuestra condición, así que dijo: «Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia mediante un solo hombre, Jesucristo.» (Romanos 5:17).
Por suerte, Dios nos trata con amor y envía a su Hijo Jesús para liberarnos del pecado. Sobre esto, Pablo comentó: «Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia mediante un solo hombre, Jesucristo.» (Romanos 5:17).
¡Qué maravilloso consuelo saber que Dios nos ama incondicionalmente! Nos ha dado el mayor regalo: Jesucristo, que murió en la cruz para que, por la fe, pudiéramos disfrutar del perdón, la vida y la salvación eterna. ¿Crees en Jesús como tu Salvador? ¡Así que vive en compañía de Cristo y da testimonio de ese don cada día! Si aún luchas solo, confiesa tu condición divina a Dios y recibe el don que Jesús ofrece: vida y gracia, hoy y por toda la eternidad.
Oremos: Señor Dios, gracias por tu amor incondicional y tu obra perfecta a mi favor. Confieso mis pecados y confío en tu inmensa gracia. Ayúdame a vivir en tu compañía y disfrutar de ese regalo cada día. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Jonas Eduardo Lindner
