
Lectura: «Sé que tu bondad y tu misericordia me acompañarán todos los días de mi vida, y que en tu casa, oh Señor, viviré por largos días.» (Salmo 23:6)
Hay momentos en la vida en los que somos tentados a cuestionar la bondad y el amor de Dios. Estos momentos suelen ser los más difíciles: una crisis emocional, la pérdida de un empleo, una enfermedad grave, el fin de un gran amor o el dolor del duelo. En estas circunstancias, podemos mirar al cielo y preguntarnos: «¿Sigue el Señor conmigo?»
En medio de estas dudas, nos enfrentamos a una certeza reconfortante. En el Salmo 23 hay un pasaje que dice: «Sé que tu bondad y tu misericordia me acompañarán todos los días de mi vida, y que en tu casa, oh Señor, viviré por largos días.» (Salmo 23:6). Ante la fragilidad y las dudas, hay una gran certeza: la bondad y el amor de Dios nunca faltarán en nuestras vidas. El cuidado del Señor no está condicionado por factores como la felicidad, el bienestar o la seguridad. Dios derrama su amor y su bondad incluso en los días más tristes y oscuros de nuestra historia.
La certeza de este amor incondicional pasa por la cruz de Jesús. En ella fue derramada la sangre del Hijo de Dios como pago por nuestro pecado. Resucitado al tercer día, Jesús es el único que nos conecta con este amor incondicional. Por la fe en Jesús, hay perdón y salvación. Fuera de Jesús, no hay salvación; pero por la fe en Él, encontramos el perdón y la vida eterna.
Incluso en las crisis más dolorosas, Dios se preocupa por nosotros. Actúa a través de la familia, amigos o profesionales de la salud. Pero, sobre todo, renueva su promesa de amor a través de su Palabra. Así que lee tu Biblia y encuentra allí el consuelo y la seguridad del cuidado divino.
Oremos: Señor, gracias por derramar tu amor y tu bondad en mis días, sean felices o difíciles. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Bruno A. Krüger Serves
