
Lectura: «¡Aquí está mi siervo, mi escogido, en quien me complazco! Yo lo sostengo; sobre él reposa mi espíritu. Él traerá la justicia a las naciones.» (Isaías 42:1)
Isaías 42 trae «el primer cántico del siervo.» Comienza: «¡Aquí está mi siervo, mi escogido, en quien me complazco! Yo lo sostengo; sobre él reposa mi espíritu. Él traerá la justicia a las naciones.» (Isaías 42:1). Hay otras tres canciones y todas hablan de un héroe diferente a las de las exitosas series, pero que vale la pena conocer.
En esta canción, Dios presenta a su siervo elegido como aparentemente débil, de poca expresión e influencia. Pero es que Dios, afortunadamente, no actúa como nosotros (Isaías 55:11).
Este texto apunta a Jesús, enviado como un humilde siervo para traer la salvación a un mundo rebelde. Jesús es el elegido de Dios, en quien el Padre ha puesto su Espíritu y que llena al Padre de alegría (Mateo 3:17).
En lugar de venganza, Jesús viene a remendar lo que estaba roto y a reavivar la luz que se estaba apagando. Al escuchar sus enseñanzas y conocer sus actitudes, las personas tienen la oportunidad de replantearse su forma de relacionarse con Dios, consigo mismos y con los demás.
El siervo descrito en Isaías es amable: «No gritará ni levantará voz» (Isaías 42:2). A diferencia de los héroes de cine, Jesús no viene a imponer su voluntad, sino a servir y sensibilizar a las personas a través de su amor. Tiene compasión, cuida de los débiles y marginados. En su misión, ofrece sanación y restauración.
Jesús vino para traer algo nuevo: un nuevo pacto entre Dios y quienes creen en él y una nueva vida que comienza ahora y se extiende por toda la eternidad. Jesús es el humilde y victorioso Salvador que trae justicia, luz y libertad. Quienes depositan su confianza en él reciben fuerza y sabiduría para afrontar cualquier situación.
Oremos: Señor, gracias por enviar a tu siervo Jesús para rescatarme. Ayúdame a parecerme más a él. En Jesús. Amén.
Autor: Paulo Roberto Teixeira
