
Lectura: «Jesús les dijo: «Vengan a comer.» Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Tú, quién eres?», pues sabían que era el Señor.» (Juan 21:12)
¿Alguna vez te has encontrado en presencia de alguien a quien admiras mucho, sin saber qué decir o hacer? Esta sensación de sorpresa y asombro es similar a la que sintieron los discípulos cuando volvieron a encontrarse con Jesús en la playa.
Imagina la situación. Cada día lanzas redes al mar para atrapar el «pez nuestro» de cada día. Sin embargo, la pesca ha sido un fracaso hasta ahora. De repente, alguien aparece a lo lejos, en la playa, y te dice a ti y a tus amigos que vuelvan a lanzar las redes. Las redes están llenas de muchos peces. ¡No me lo puedo creer! ¿Cómo supo que ese cardumen pasaba por el lado derecho del barco? Un compañero reconoce al individuo: «¡Es el Señor Jesús!» dice. El querido Maestro no está muerto. Está vivo y está hablando con ustedes. Cuando salen del agua, encuentras el desayuno listo. Hoguera, pescado y pan. El Maestro Jesús invita: «Vengan a comer» (Juan 21:7,12). Todos están sin palabras, sabiendo que están ante el Señor resucitado.
Esto no era solo una comida. Fue un encuentro transformador. El Señor resucitado, la Verdad de Dios, estaba allí, velando por sus amigos con comida para el cuerpo y consuelo para el alma. Les hizo recordar de su presencia viva y restauradora.
Incluso hoy, Jesús nos invita a alimentarnos de su Palabra y a descansar en su compañía. Ya no más un desconocido, sino el dador de vida y perdón ofrecidos en la cruz. El Señor resucitado y lleno de misericordia que no solo nos invita a desayunar, sino que permanece para caminar siempre con nosotros.
Oremos: Señor, ayúdame a reconocer tu cuidado y tu presencia en mi vida. Ayúdame a encontrarte cada día en las Sagradas Escrituras. En tu nombre. Amén.
Autor: Jaques Cristiano Schlosser
