
Lectura: «El Señor es bueno con todos, y se compadece de toda su creación.» (Salmo 145:9)
¿Alguna vez te has parado a pensar que Dios se encarga de cada detalle de la creación, todos los días? Él es quien mantiene el ciclo de la naturaleza, hace que llueva, hace que salga el sol, alimenta a los animales y cuida de lo que parece insignificante. La Biblia nos dice: «El Señor es bueno con todos, y se compadece de toda su creación.» (Salmo 145:9).
Ese mismo Dios que alimenta a los pájaros del aire y viste los lirios del campo está atento a cada uno de nosotros. Conoce nuestras necesidades físicas, emocionales y espirituales y siempre está dispuesto a proporcionarnos lo que necesitamos. Es Él quien nos da fuerza cuando somos débiles y esperanza cuando estamos desanimados. Cuando confiamos en su cuidado, descubrimos que nunca deja de sostenernos.
Si Dios se preocupa por toda la creación así, ¡imagina cuánto se preocupa por ti! Ve cada desafío, cada miedo, y se acerca con compasión y amor. Dios no nos creó para que enfrentemos todo solos. Siempre está a nuestro lado, sosteniéndonos y guiándonos.
Pero Dios ha hecho aún más por nosotros: envió a su Hijo Jesús para rescatarnos. Nuestras necesidades no son solo para esta vida, sino especialmente para la eternidad. En Jesús, Dios nos ha dado el mayor regalo: el perdón y la salvación. Cristo vino a reconciliarnos con Dios, para que no solo tengamos lo necesario de esta vida, sino la certeza de una relación eterna con nuestro Creador. En Jesús, tenemos el amor y el cuidado que nunca terminan.
Oremos: Padre, gracias por tu constante cuidado en cada detalle de la creación y por el regalo de Jesús, que nos da vida eterna y paz contigo. Susténtanos con tu bondad. En Cristo. Amén.
Autor: Otávio Augusto Schlender
