
Lectura: «Todo tiene su tiempo. Hay un momento bajo el cielo para toda actividad: El momento en que se nace, y el momento en que se muere; el momento en que se planta, y el momento en que se cosecha.» (Eclesiastes 3:1-2)
Muchos de nosotros tenemos la sensación de que el tiempo pasa cada vez más rápido. Médicos y directivos informan que tienen dificultades para seguir el ritmo de los avances en sus campos. A menudo oímos a gente decir: «Me gustaría ir más despacio. Me gustaría tener más tiempo para relajarme.» El ajetreo de la vida moderna puede dejarnos sobrecargados e incluso desorientados.
En la Biblia, leemos en Eclesiastés: «Todo tiene su tiempo. Hay un momento bajo el cielo para toda actividad: El momento en que se nace, y el momento en que se muere; el momento en que se planta, y el momento en que se cosecha.» (Eclésiastes 3:1-2). Pero, al fin y al cabo, ¿qué es el tiempo? No es solo una secuencia de segundos, minutos, horas o años. El tiempo es un regalo de Dios. No podemos comprarlo ni atajarlo. Sigue su curso, y la vida va con él. Dios determina nuestros días, y por mucho que evitemos pensar en ello, un día enfrentaremos la muerte.
Por lo tanto, debemos aprovechar bien el tiempo que recibimos. La gran tragedia de la vida no es la falta de tiempo, sino pasarlo en cosas insignificantes y lejos de la fe en Cristo. Encontrar un equilibrio entre las distintas actividades de la vida diaria es esencial. Aún más importante, dedicar tiempo a escuchar y meditar en la Palabra de Dios transforma nuestra perspectiva sobre la vida y la eternidad. El propio Jesús, que entregó su vida por nosotros, nos invita: «Vengan a mí todos ustedes, los agotados de tanto trabajar, que yo los haré descansar.» (Mateo 11:28).
Oremos: Señor Dios, gracias por el tiempo que nos das. Enséñanos a usarlo sabiamente y a buscar en ti el verdadero descanso. Te damos gracias, sobre todo, por Jesús, que nos salvó. En su nombre, oramos. Amén.
Autor: Josué Malakoske
