
Lectura: «Porque nosotros no podemos dejar de hablar acerca de lo que hemos visto y oído.» (Hechos 4:20)
¿Alguna vez has pensado que Dios puede usar tu vida para tocar a otras personas? Quizá con una palabra de consuelo, un abrazo sincero, un oído atento o un simple gesto de amor. Los pequeños momentos pueden convertirse en oportunidades para dar testimonio de Cristo. Como Pedro y Juan declararon ante las autoridades: «Porque nosotros no podemos dejar de hablar acerca de lo que hemos visto y oído.» (Hechos 4:20).
Por ejemplo, cuando lees o escuchas este mensaje, Dios te trae la buena noticia de que te ama hasta el punto de enviar a Jesús, su Hijo, para concederte perdón y nueva vida. A partir de la fe en esta maravillosa noticia, también puedes compartir el evangelio con tus conocidos.
Compartir el evangelio no es solo tarea de unos pocos, sino de todos los que creen en Cristo. Por el bautismo somos enviados como testigos de Cristo. No es un llamado fácil, pero está llena de propósito: apuntar al Salvador.
La fe en Jesús nos impulsa a amar y proclamar su verdad. Como hemos recibido gracia, debemos compartirla. Pablo nos recuerda: «Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán si no hay quien les predique?» (Romanos 10:14). Nuestros testimonios siempre serán una semilla que Dios hará crecer en el momento adecuado.
Testificar no significa tener todas las respuestas, sino vivir de manera que Cristo sea visto en nosotros. Cada palabra y actitud, por pequeña que sea, puede reflejar la verdad del evangelio. No guardemos silencio ante la verdad, sino proclamarla con coraje y fe, confiando en que Dios actúa a través de nosotros.
Oremos: Señor, ayúdame a ser testigo fiel de tu amor. Dame el valor para hablar de lo que he visto y oído en ti. Por Jesús. Amén.
Autor: Heder Frederico Pieper Gumz
