
Lectura: «¿No saben que ustedes son templo de Dios, y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?.» (1 Corintios 3:16)
¿Alguna vez has sentido que tu vida se pone patas arriba? Ciertos hechos nos hacen revisar valores y prioridades. La Biblia cuenta varias historias sobre Jesús. Una historia asombrosa es aquella en la que volcó las mesas de los cambistas y usó un látigo para purificar el Templo de Jerusalén. ¡La narrativa revela a Jesús muy indignado! La casa de Dios se suponía que era una casa de oración, pero se había transformado en una casa de negocios (Mateo 21:1-13).
Cuando el Salvador Jesús instituye su iglesia, recibimos la revelación de que toda persona que cree en Cristo es como una piedra viva. Juntos, las personas forman un templo espiritual (1 Pedro 2). Pero la Biblia también nos enseña que, individualmente, somos un templo del Espíritu Santo. El apóstol Pablo escribe: «¿No saben que ustedes son templo de Dios, y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?.» (1 Corintios 3:16). Note: el Espíritu Santo quiere hacer su morada en nuestros corazones. ¿Hay espacio para Dios? ¿O nuestra vida está llena de mesas de los negocios e intereses más diversos?
Jesús actuó intensamente para purificar el Templo de Jerusalén. Pero fue aún más intenso al entregar su vida en la cruz para pagar por nuestros pecados. Todavía hoy, en la acción del Espíritu Santo, nos reprende y puede darle la vuelta a la mesa de nuestra existencia. Su intención es reorganizar y redirigir nuestras vidas. Por lo tanto, cuando las cosas parezcan desestabilizadas, pide a Dios que purifique tu ser y habite plenamente en tu vida. Pues donde habita hay perdón, vida y paz.
Oremos: Querido Dios, purifica nuestro ser. Perdona nuestros pecados. Entra en nuestro corazón. Haz una habitación en él. En Cristo. Amén.
Autor: Ismar Lambrecht Pinz
