
Lectura: «No se preocupen por nada. Que sus peticiones sean conocidas delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.» (Filipenses 4:6)
La ansiedad ha sido una de las grandes dificultades de nuestro tiempo. Vivimos rodeados de incertidumbres, plazos y preocupaciones. Pensamos en el futuro, tememos lo que está por venir y a menudo intentamos controlar lo que está fuera de nuestro alcance. ¿Pero puede la ansiedad cambiar algo?
La Palabra de Dios nos enseña un camino diferente. Pablo nos invita a entregar nuestras preocupaciones al Señor: «No se preocupen por nada. Que sus peticiones sean conocidas delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias, Y que la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guarde sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.» (Filip. 4:6-7).
La ansiedad surge cuando estamos abrumados por el futuro o por las incertidumbres de la vida. Sin embargo, Dios nos llama a confiar en Él en oración. Cuando presentamos nuestras preocupaciones a Dios, declaramos nuestra fe en su bondad. En ese momento, la paz de Dios, que excede todo entendimiento, invade nuestros corazones. No es una paz basada en las circunstancias, sino en la certeza de que Dios está al mando.
¿Qué tal si, en vez de alimentar la ansiedad, doblas las rodillas y hablas con el Padre? Dile lo que te aflige, agradécele por lo que ya tiene y descansa en la promesa de que te cuidará. Recuerda, no dejes que la ansiedad te abrume, pero mantente firme en lo que es verdadero, digno y correcto (Filipenses 4:8). Cuando seguimos este camino, la paz que solo Dios puede dar se vuelve real en nuestras vidas. Confía y descansa: ¡el Señor te protege!
Oremos: Dios mío, las preocupaciones y la ansiedad a menudo me ahogan el corazón. Ayúdame a confiar en Ti y descansar en Tu paz. Amén.
Autor: Elton Rost
