
Lectura: «Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Consolador, para que esté con ustedes para siempre…» (Juan 14:16-17)
Seguimos reflexionando sobre la acción lleno de gracia de Dios. Ya hemos hablado del don de la creación y del don de la salvación. Hoy reflexionaremos sobre Dios el Espíritu Santo, el Consolador, y su obra. En este sentido, el tercer artículo del Credo Apostólico nos enseña: «Creo en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia Cristiana, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de la carne y en la vida eterna. Amén.»
En la cruz, Jesús es dado en sacrificio por nosotros. Allí, cumplió la voluntad de Dios y sufrió dolor y muerte en nuestro lugar. Al tercer día, Él resucitó y venció a la muerte. Todo lo que había que hacer para que el mundo fuera salvado, Jesús lo hizo. Sin embargo, para que la salvación sea tuya y mía, debe ser recibida por la fe.
La fe no proviene de nuestra capacidad humana, sino que es un don de Dios Espíritu Santo. De hecho, es necesario que el propio Espíritu sea dado a nosotros. Por nuestra propia razón o fuerza, no podemos creer en Jesús, porque el pecado nos hace rechazar la locura de la cruz. Así, la fe nos llega como un regalo que se nos dá, por la morada del Espíritu Santo en nuestro corazón. A través de ella, el Espíritu Santo hace válido en la vida del creyente lo que Cristo há conquistado. Aquí tenemos la respuesta a la promesa de Jesús: «Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Consolador, para que esté con ustedes para siempre: es decir, el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir porque no lo ve, ni lo conoce; pero ustedes lo conocen, porque permanece con ustedes, y estará en ustedes.» (Juan 14:16-17).
Es esta misma fe la que nos hace comprender la inmensa gracia del Dios que nos ha dado el don de la vida, el perdón y el regalo de la fe. ¡Alabado sea nuestro Señor!
Oremos: Te alabamos, oh Dios, por darnos vida, salvación y la fe que nos hace comprender quiénes somos y quiénes podemos ser en ti. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Maximiliano Wolfgramm Silva
