
Lectura: «Hijos, obedezcan a sus padres en el nombre del Señor, porque esto es justo.» (Efesios 6:1)
«Oh, si tan solo hubiera escuchado lo que mi madre me decía», dice un hombre a otro. «¿Ah, sí?» responde el otro, «¿y qué dijo ella?» «No lo sé: ¡no lo he oído!», responde el primero. Esta pequeña broma refleja la realidad de todas las personas que han tenido la suerte de vivir con su madre: por muchas razones, a veces sentimos que las actitudes y consejos de nuestra madre están desfasados o incluso que no sean buenos para nosotros.
Es cierto que las madres pueden cometer errores. Sin embargo, con el tiempo, nos damos cuenta de que si hubiéramos escuchado más sus consejos, quizá nos habríamos «roto la cara» menos veces. ¡Qué bien es darse cuenta de esto a su tiempo y darle las gracias!
La gratitud hacia y para la madre es una de las formas más bellas de observar uno de los mandamientos más importantes dados por Dios: «Honrarás a tu padre y a tu madre, para que tu vida se alargue en la tierra que yo, el Señor tu Dios, te doy.» (Éxodo 20:12). Pablo escribe que este es «tu deber cristiano» (Efesios 6:1), porque la autoridad de los padres no proviene de ellos mismos, sino de la propia autoridad de Dios. Por eso, al honrar y dar gracias a la madre, honramos e indirectamente agradecemos a Dios, que nos dio esta madre.
Así que, si aún tienes la oportunidad de agradecer a tu madre, ¡hazlo hoy! Y si ya no la tienes aquí, ora a Dios agradeciendo por el tiempo que pasaste con ella. Recuerda la promesa de Dios de que algún día entraremos definitivamente en la gran fiesta de su victoria, junto con todos los que se han marchado con fe en la obra de Jesús para nosotros y en nuestro lugar.
Oremos: ¡Señor, muchas gracias por mi madre! Ayúdame a mostrar esa gratitud con palabras y hechos. Por Jesucristo, mi Salvador. Amén.
Autor: George Carlos Felten
