
Lectura: «Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.» (Mateo 6:12)
Al enseñar a sus discípulos a orar, Jesús incluyó una petición esencial: «Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.» (Mateo 6:12). El teólogo Martín Lutero, en el Catecismo Menor, explicó que en esta súplica pedimos al Padre celestial que no mire nuestros pecados ni rechace nuestras oraciones a causa de ellos. Al fin y al cabo, reconocemos que no somos dignos y merecemos nada más que castigo. Por eso, pedimos que, por su gracia, Dios escuche nuestra oración y nos conceda su perdón. Del mismo modo, deseamos perdonar a quienes han pecado contra nosotros.
Esta oración nos recuerda nuestra necesidad de la gracia de Dios. Confesamos que pecamos cada día y que no tenemos méritos propios, pero oramos para que por su bondad nos escuche y nos perdone. Y este perdón no solo nos restaura, sino que también nos enseña a actuar con los demás de la misma manera. Así como Dios no nos niega el perdón, estamos llamados a perdonar de corazón a quienes nos ofenden e incluso a hacer el bien a quienes nos han hecho daño.
Es importante recordar que esta petición no es un intercambio ni un pacto con Dios. Asi como Dios nos perdona, nosotros también debemos perdonar, y el perdón que recibimos nos transforma y nos permite vivir con gracia con los demás. Perdonamos porque hemos sido perdonados. Esto es una invitación al ejercicio diario del perdón, no como mérito, sino como expresión de la maravillosa gracia de Dios en nuestras vidas.
Oremos: Padre nuestro, perdona nuestras deudas, así como nosotros también perdonamos a nuestros deudores. Que tu Espíritu nos ayude a vivir esta gracia cada día. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Helvécio José Batista Júnior
