
Lectura: «Después de escuchar al rey, los sabios se fueron. La estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño.» (Mateo 2:9)
Muchos idiomas tienen palabras únicas, que no tienen una palabra equivalente en otros idiomas. Por ejemplo, Kummerspeck (en alemán) describe la carga emocional de quienes comen en exceso por la tristeza. En español, tenemos «nostalgia. Son palabras que expresan experiencias y sentimientos que necesitan ser explicados.
El Evangelio de Mateo describe a los sabios de Oriente que llegaron a Jerusalén: «La estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño» (Mateo 2:9). Esta historia marca la fiesta de los Reyes Magos o Epifanía, celebrada el 6 de enero. Uno de los aspectos fascinantes de esta historia es que, aunque trae una revelación que trasciende fronteras, su mensaje también contiene palabras únicas. Palabras que pueden explicarse, pero no totalmente comprendida por nuestra percepción.
Por ejemplo: gracia, misericordia, perdón, vida eterna. Ningún vocabulario ni lenguaje en el mundo puede expresar plenamente la profundidad del amor de Dios revelado en Jesús. Sin embargo, incluso cuando nuestras palabras no capturan la totalidad del evangelio, la fe nos permite recibirlas y aplicarlas a nuestro corazón y a nuestra vida gracias a la obra de Cristo en la cruz. Palabras que llenan nuestras vidas de un amor como ningún otro, conectándonos con Jesús.
En un mundo de palabras solas, pero también de muchas expresiones vacías, la Epifanía nos recuerda la riqueza de las palabras del evangelio, que son las únicas capaces de traernos paz, vida y salvación.
Oremos: Señor, guíanos para creer en las palabras únicas que tu Palabra nos ofrece. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Lucas Andre Albrecht
