
Lectura: «Tú, con la lluvia, cuidas de la tierra, y en gran manera la fecundas y enriqueces. Llenas de agua tus corrientes caudalosas y preparas el grano, cuando así lo dispones.» (Salmo 65:9)
En varias ocasiones se consulta la previsión meteorológica porque la gente quiere saber: «¿Lloverá?» La predicción meteorológica afecta a varios sectores de la vida humana. Sin embargo, incluso con todos los avances en instrumentos de medición, no es raro que la previsión fracase.
Los meteorólogos argumentan que la tasa de acierto es alta, pero que existen algunos obstáculos para un acierto completo. Por otro lado, el salmista nos enseña que el control del tiempo pertenece a Dios: «Tú, con la lluvia, cuidas de la tierra, y en gran manera la fecundas y enriqueces. Llenas de agua tus corrientes caudalosas y preparas el grano, cuando así lo dispones.» (Salmo 65:9).
Es necesario observar que el futuro pertenece a Dios. Él es quien hace posible que ocurra algo, desde la lluvia hasta conseguir un trabajo o curar una enfermedad. Además, el Salmo 65 indica que la lluvia es un ejemplo del cuidado de Dios por su creación. Este cuidado no se limita a esta vida y a este mundo, porque incluso la muerte, el mayor problema humano, se resolvió cuando el Padre envió a su Hijo a cargar con los pecados de la humanidad. Jesús murió en la cruz por todos y venció a los últimos de sus enemigos al resucitar.
Aunque la previsión meteorológica falle, podemos confiar en la Palabra de Dios. Las Escrituras nos aseguran que por la fe en Cristo se satisfacen las necesidades principales, especialmente el perdón y la vida eterna. Así como Dios cuida de la tierra, cuida de cada uno de nosotros.
Oremos: Amado Padre, con la lluvia, riegas los cultivos y nos das comida. Ayúdame a confiar siempre en Ti y a avanzar a través de las incertidumbres de la vida, sabiendo que en Cristo tengo perdón y vida eterna. Amén.
Autor: Rômulo Santos Souza
